La historia de un profesor mozambiqueño de chino que persigue su sueño

[Fuente]    Instituto Confucio de la Universidad de Eduardo Mondlane [Fecha de Publicación]    2017-09-25 14:08:05 
 


Sergio

Notas del editor

Ésta es una historia inspiradora y llena de encanto. El protagonista de la historia, a través del aprendizaje del chino, se perfecciona a sí mismo, consigue más amigos y logra el amor. Su vida futura, dictada por el destino entre él mismo y el chino, presentará un paisaje que la de los demás no tiene y, eso constituirá su principal motivo de orgullo.

Me llamo Sergio, de Mozambique

Mi historia con el chino comenzó en 2012. Me acababa de graduar de la universidad y había oído que en la universidad más famosa de nuestro país, la Universidad de Eduardo Mondlane, se había abierto un curso de chino. Lleno de curiosidad, fui a informarme, sin saber aún que el chino iba a cambiar por completo mi vida.

He aprendido muchos idiomas: el portugués es mi lengua materna; mi carrera universitaria es Traducción e Interpretación Francés-Portugués, por lo que estos dos idiomas constituyen mis idiomas de trabajo; además, sé hablar inglés, español y un poco de alemán. Sin embargo nunca pensé en estudiar chino. Como muchos niños en nuestro país, de pequeño veía muchas películas de China continental, también me gustaban Bruce Lee, Jet Li, Jackie Chan, pero nunca sentí un interés especial por aprender chino. En aquel entonces, para nosotros, “el idioma de los chinos” era un idioma sumamente extraño, máxime cuando ellos escribían como dibujando. Nadie quería estudiarlo.

Aquel año, mi mejor amigo me pidió que aprendiera chino con él, a lo que le contesté tajantemente con un “no quiero aprender”. Él me preguntó: “¿por qué?” y yo le respondí: “no quiero ser pintor. No quiero aprender este idioma”. Discutimos mucho tiempo hasta que él consiguió convencerme. Fuimos al Instituto Confucio a inscribirnos y comenzamos el estudio. No esperaba que el primer día, a primer “oído”, ya me enamorase inmediatamente de este idioma. Aunque los caracteres en el libro y lo que escribía el maestro en la pizarra parecían dibujos efectivamente, empezó a gustarme el chino. Soy una persona que ama los desafíos, así que acepté este desafío. Tras una semana, mi amigo tuvo que ir a Alemania y, a su regreso, nunca se reincorporó a las clases de chino. Yo, por mi parte, he seguido estudiando este idioma hasta ahora y, pronto, voy a convertirme en profesor de chino. Desde el primer momento en el que entré en el Instituto Confucio, mi vida ya estaba destinada a no separarse nunca del chino.

Tras muchos fracasos y esfuerzos en los comienzos del aprendizaje, logré la beca

Fui uno de los primeros alumnos en Mozambique que aprendieron el chino. Por puro placer, por amor al idioma, asumí incontables esfuerzos durante el aprendizaje. Me parecía que el chino era un idioma maravilloso y que debería aprenderlo bien. En el año 2012, el Instituto Confucio de la Universidad de Eduardo Mondlane anunció que ofrecerían tres becas y que proyectaban reclutar a estudiantes mozambiqueños para estudiar en China. Mi primera reacción fue la de: “es una oportunidad estupenda para mejorar mi chino. Tengo que aprovecharla”. Al final, como no pude presentar todos los documentos requeridos a tiempo, perdí esta oportunidad. Me sentía realmente triste.

Sin embargo, el fracaso me hizo posicionarme con mayor firmeza en el aprendizaje del chino. En 2013, había dos más becas que en el año 2012, pero la competencia también era más reñida. Si quería conseguir la beca tenía que asistir al examen. El examen justamente coincidía con la boda de un pariente. “¿Qué hago? ¿Voy a la boda o al examen?”. Después de una lucha en mi fuero interno, el día del examen, por la mañana acudí a la boda y abandoné la ceremonia a las 12:00 para asistir al examen. ¡Fue realmente díficil el examen! En los exámenes de chino, siempre me encontraba entre los primeros tres lugares, pero en esta ocasión no estaba ni siquiera seguro de que pudiera pasarlo. Para mí, los siguientes días me parecieron años. Cuando me llamó el maestro diciéndome que había conseguido la beca por un semestre, estaba tan emocionado que casi me puse a llorar.

Al llegar a China, me convertí en “experto” de China entre las dificultades

Al llegar a China, comencé a aprender el idioma chino con mayor profundidad. En comparación con mi lengua materna, los dos idiomas son totalmente diferentes. En aquel entonces, casi no dominaba nada. Me sentía desesperado. Muchas veces estuve tentado a renunciar. Sin embargo, cada vez que pretendía renunciar, aparecía una frase en mi mente “Learn Chinese, double your world”. Además, era también consciente de que ahora todos los países entablan cooperaciones e intercambios estrechos con China, ocupando la lengua un lugar clave. Aún más: en mi país actualmente faltan personas que hablen chino. Por eso, para mí aprender chino constituía una gran oportunidad, pero, al mismo tiempo, también un enorme desafío.

He aprendido portugués, inglés, francés, español y alemán, pero ninguno de estos idiomas me ha impresionado tanto como el chino. ¿Por qué digo eso? Es porque tanto el francés, como el portugués o el español se han desarrollado a partir del latín. Alemán e inglés evolucionaron desde la lengua germánica y mi dialecto, en gran medida, recibe la influencia de portugués e inglés, guardando su estructura una estrecha relación con estos idiomas. Así, para mí, en el aprendizaje y el uso de estos idiomas, era como estar analizando una gran familia lingüística. Pero el chino es muy diferente a todos los idiomas que conozco, me hacía sentir que entraba en una familia lingüística total y completamente nueva. Con más estudio, me di cuenta de que el chino se volvía más difícil de dominar. Aprender chino constituye un desafío a uno mismo y, en el proceso del estudio, adquirí gran cantidad de conocimientos culturales asociados a la propia lengua.

Nunca he estado satisfecho con mi nivel de chino. El marzo de 2015, pasé el examen de HSK 5 con 226, pero me parecía que no era una calificación alta, por eso, en mayo de ese mismo año, asistí otra vez al examen, y obtuve una puntuación de 246. En 2016, pasé el examen de HSK 6. Durante el proceso de escribir mi tesis de maestría, mi nivel de chino experimentó una mejoría constante.

Siempre converso con mis compañeros chinos sobre las cuestiones relativas tanto al estudio como a la propia vida. Mis compañeros afirman que ya me he convertido en un experto de China y que ya tengo desarrollada una forma de pensar similar a la de los chinos. Entre ellos y yo se ha forjado una profunda amistad.

Regresar a mi patria para difundir la lengua y la cultura china

En enero de 2014, regresé a mi país, Mozambique. Pero en mi corazón, el chino seguía atrayéndome. Por eso no dejé de esforzarme y logré óptimos resultados. Con la ayuda de los maestros, por fin conseguí otra vez la beca de “un año escolar + maestría en la Educación Internacional del Chino”.

El máster en Educación Internacional de Chino ha escrito un nuevo capítulo en mi vida. Desde que comencé el estudio profesional en 2015, mi conocimiento sobre China ha experimentado una sustancial mejoría. No sólo albergo interés por el chino, sino también por la cultura china, siendo el confucianismo lo que mayor interés me suscita. Durante el proceso del aprendizaje, he escrito dos artículos sobre el confucianismo, en los que expreso mis puntos de vista sobre Confucio y su filosofía. Para conocer mejor su pensamiento, siempre leo dos libros, uno es Analectas de Confucio, el otro es la Sabiduría de Analectas en la Vida, escrito por Zeng Shiqiang.

Ser un buen maestro de chino y difundir activamente el chino y la cultura china al regresar a mi país, para que más y más gente conozca China, ése es mi sueño. Es el objetivo que estoy ansioso por alcanzar. Para realizarlo, tengo que esforzarme en la adquisición de nuevos conocimientos, sobre todo en lo relativo a la docencia, para así asentar una sólida base para mi trabajo en el futuro.

Logro del amor gracias al puente que construye el chino

En el año 2016 participé en el “Concurso de Habilidades de Enseñanza de Chino de los Postgrados en Educación Internacional de Chino en Jiangsu, Zhejiang y Shanghái”, que, además de emocionante, me ha resultado una gran utilidad. Aunque sólo conseguí el tercer puesto, me he beneficiado mucho de las preguntas y sugerencias lanzadas por los jueces, así como de la evaluación y el asesoramiento de mis tutores tras el concurso.

Lo más interesante ha sido que logré el amor gracias al chino. Mi novia es de Etiopía. El 8 de septiembre de 2014, tomamos el mismo avión, sentándonos en asientos vecinos y teniendo el mismo destino: la Universidad Normal de Zhejiang. A partir de aquel día, nosotros dos, el uno ya no puede alejarse del otro. Si no hubiera venido a China, no la habría conocido. Nuestro destino proviene del destino entre el idioma chino y yo.

Ahora soy maestro del Instituto Confucio de la Universidad de Eduardo Mondlane. Creo que el Instituto Confucio es un lugar que me permite realizar mi sueño. Desde aquí voy a animar a más mozambiqueños a perseguir sus sueños a través del idioma chino.

Ésta es mi historia con el chino. Mi futuro siempre estará asociado a este idioma.

 
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